Cuando terminé de llorar, reuní todas mis fuerzas para levantarme del piso. Me metí a bañar, dejé que el agua sobre mi cuerpo lavara todas mis culpas y mis miedos, dejé que el dolor y la suciedad de mi alma se fuera por la coladera, entonces volví a sentir la fuerza que hace mucho no sentía. No voy a dejar que mis demonios vuelvan a poseerme, no voy a morir sin luchar y sobre todo, no voy a rendirme otra vez.
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